La guerra terminará cuando Dios baje
Un sicario de la pandilla más violenta de San Miguelito, Los Sopranos, revela secretos de la organización que opera en varias ciudades principales del país. Lo hace dentro de un auto, en un recorrido por su centro de operación, el Valle de los Lagartos. El testimonio es terrible.
Por: Macario Buen Ojo
Tiene 24 horas de haber terminado su última obra. A diferencia de William Shakespeare, quien utilizaba un bolígrafo para confeccionar sus proyectos, este emplea como herramienta de trabajo un revólver calibre 38 con el que arranca vidas humanas. No importa que la acción líquide sonrisas y acabe con cabezas de familias. Su labor es esa: esparcir el dolor, el luto y el rencor entre sus enemigos.
Hace unas horas ejecutó a tiros a un colombiano, en el distrito de San Miguelito, que no debe demorar en salir en la tele. El trabajo pagó la módica suma de 20 mil dólares. Es un sicario de los grandes, de ese escuadrón de la muerte que componen la nueva generación de delincuentes que viven en Veranillo y Monte Oscuro, sitios donde originalmente los criminales planificaban y organizaban asaltos a camiones blindados y bancos.
La nueva generación -cuya edad oscila entre los 18 a los 30- se hace llamar Los Sopranos. Una de las 49 pandillas que de forma oficial aparece en los registros de la Policía Nacional (PN). Su radio de operación se concentra en el distrito de San Miguelito, donde actúan sin ley y sin gloria.
El criminal de ahora en adelante lo llamaremos Ángel Del Diablo, para evitar cruentas circunstancias. Tiene 25 años, mide un metro 78 de altura, es fornido, de tez negra y taciturno. Nunca abandona su casa sino lleva entre el cinto la pistola. El arma reviste al dueño una paz que nadie más ha sabido otorgarle.
También reconoce el temor que representa para él conceder una entrevista donde se conversará de sus malos pasos y de la organización criminal de la cúal forma parte. Y más si la persona en que debe confiar es un desconocido. Precisamente por ello, no dejó de ser receloso. Tanto así que evitó durante horas hacer contacto directo conmigo, hasta que al final de la mañana se sintió seguro y aceptó continuar con lo acordado -hacía quince días- y proporcionó una radiografía de la pandilla que en el último lustro ha dado de que hablar a las autoridades. “Yo soy el asesino a sueldo a quien has venido a buscar” .
No tardó en presentarse la otra piedra en el zapato. Se pactó que sólo una persona iba tener contacto con el criminal, pero durante los hechos la práctica demostró que se necesitaba de dos personas adicionales. Después de unos minutos entendió que el fotógrafo y el editor de esta revista debían estar presentes. Del Diablo por fin aceptó y trazo el itinerario para recorrer los confines de Los Sopranos.
Viajaba junto con una infante. Ella evitaba que sus enemigos le dispararan y además la ingenuidad del menor le permite burlarse de los organismos de seguridad, cuando le toca huir, tras cometer un crimen.
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La pandilla de Los sopranos en sus inicios estaba compuesta por más de una veintena de maleantes y absolutamente en nada se asemeja a la organización criminal de la serie de televisión que lanzó en enero de 1999, el canal estadounidense HBO y que RPC televisión trasmitió años después. Sin embargo, hay que reconocer que el nombre de la pandilla surgió de allí.
Como se observa en el programa televisivo la organización criminal de Tony Soprano operaba en ciertos límites. En cambio Los Sopranos panameños se ramificaron con tal eficacia que un año después controlaban el pabellón 5 de la cárcel La Joya, también extendieron sus téntaculos hacia el interior donde sembraron sus bases en Colón, David, Santiago y San Miguelito.
Aunque esto no quiere decir que sea como la Cosa Nostra, que pasó de una generación a otra, donde la pandilla compuesta por italo-americanos queda establecido el jefe o patriarca, representado en el cortometraje en la figura de Tony Soprano.
El interlocutor, explicó que en Panamá ese jefe no existe a pesar que la Unidad Antipandillas de la Policía Nacional (PN) considere que el asaltante Abilio González Peralta alias “Pili” es el líder de la organización.
Para Del Diablo este reconocido y veterano criminal siempre ha trabajado sólo. “El mismo se organiza y planifica sus robos. No te quitó que cuando alguien pide algún patrocinio, este no duda en apoyar. Pero eso no ocurre siempre”
Aquí, no es como Nueva Jersey, en referencia al guión de la serie, donde la hegemonía reposa sobre una estructura piramidal. Aquí se trata de un esquema horizontal donde todos tienen derecho de participar y de emitir una postura sobre un tema; y lo que acoge la mayoría se respeta y se hace cumplir.
Los Sopranos nacieron a finales de 2002 con la inscripción de un equipo de fútbol compuesto por 16 amigos, entre mayores y menores de edad, quienes jugaban en una cancha de baloncesto que era modificada para jugar fútbol, ubicada en Monte Oscuro.
Fue en ese periódo que surgieron los problemas de pandillerismo con sus enemigos más fuertes: la pandilla de Los Una Noche, que opera a dos cuadra de ellos. Todo a raíz de una mujer que andaba al mismo tiempo con dos pandilleros, uno de cada banda y por ende, enemigos públicos. Luego, accidentalmente, uno de Los Sopranos le disparó a uno de sus compañeros durante un tiroteo entre estas pandillas. Un amigo murió, y de allí en adelante se intensificaron las diferencias.
Esta organización criminal, inicialmente, se autofinaciaba de los delitos de robo a personas, locales comerciales y autos. Luego se puso de moda el tráfico de droga y empezaron a “tumbársela” colombianos y de miembros de las guerrillas o grupos subversivos que utilizan el territorio nacional para el trasiego de cocaína, principalmente. De esa forma, explicó Del Diablo, este grupo delictivo creció de categoría y entraron al negocio de las grandes ligas del narcotráfico. Ahora viven de la venta de estupefacientes, los asaltos, los tumbes de droga y por último el sicariato. Aquí todos cometen cualquier delito no hay especialidades, todos hacen un poco de algo.
El nivel de escolaridad de la agrupación, según los informes de inteligencia de la Policía Nacional que ha dado seguimiento a la pandilla desde su inicios hasta la fecha, continúa siendo bajo, aunque existen algunos con culminaciones de estudios de bachilleratos y uno que otro nivel de estudios superiores, pero es la excepción no la regla.
En la actualidad el derramamiento de sangre entre estos grupos ha cobrado la vida de 30 personas, tres de Los Sopranos, nueve de las tres bandas enemigas y el resto corresponden a familiares y allegados de los integrantes de estas pandillas. Se trata de una guerra en la que los inocentes son los que ponen los muertos.
Del Diablo, quien se inicio en la delincuencia robando autos porque quería aprender a conducir, confesó que ha cometido siete de estos homicidios, tres por defensa personal y el resto por encargos. “No es por placer, sino por negocio y dinero. Pero no te creas, yo sé que lo que hago no está bien, pero si tuviera otra fuente de ingreso no lo haría. Sin embargo, esa no es mi realidad, tengo que hacerlo, de lo contrario de que voy a vivir” confesó el integrante de Los Sopranos.
A diferencia de Carmela Soprano la esposa de Tony Soprano, quien tiene un alto nivel de escolaridad y que no requiere trabajar, las mujeres de nuestros pandilleros son mujeres sufridas, que sí trabajan milagrosamente ocupan puestos de despachadoras en un almacén o en restaurantes, cuando mucho, aunque regularmente son amas de casa o se dedican al tráfico de estupefacientes como sus maridos.
Encima tienen hijos de padres distintos que en ocasiones han sido asesinados o están en las cárceles. Corresponde, entonces, a las abuelas correr con sus gastos, desde la custodia o tutela de sus nietos, debido a que los padres biológicos no pueden asumir la guarda crianza. Cuando estos niños crecen se alistan en la misma guerra de sus padres, como ya ocurrido, sin tiempo siquiera para evaluar a que bando pertenecerán o si realmente querían pelearla.
A pesar de la debacle social por la que atraviesan, son pocos los que observan en la educación el camino a la redención. En su mayoría estructuran el mundo desde una perspectiva delincuencial. Sueñan con que el día menos pensado amanezcan millonarios. Roban o tumban un cargamento de droga (60 kilos por ejemplo. Cada kilo tiene en la actualidad un precio de 4 mil 500 dólares en el mercado panameño) lo que los hace acreedores de más de un cuarto de millón de dólares. Pero esa misma droga puesta en Estados Unidos equivale a 35 mil dólares cada kilo, estaríamos hablando de más de un millón de dólares.
Con eso sueñan mucho. Se ven envueltos de mujeres, mercedes, dinero y champaña. Lo hacen bien pasados en drogas. Golpeados de cocaína, marihuana y alcohol al mismo tiempo. En esos momentos también se distancian de los problemas que los agobian: el temor a matar o que los maten. Todavía algo que es peor y que caracteriza la nueva guerra de pandillas, que no se respete a la familia y vaya a ser esta la que pague los platos rotos de sus crímenes.
Temor que, coincidentalmente, también está fundamentado durante toda la serie televisiva por Tony Soprano, quien constantemente repite a los miembros de su clan que las bandas de los latinos y los negros no tienen códigos de respecto.
Para formar parte de este grupo sólo tienes que respetar a sus miembros y mantenerte fiel a los principios: la traición se paga con la muerte. Un distintivo con el que lo reconocen las autoridades es por un tatuaje con que marcan su cuerpo bajo los símbolos de un sol y una S gótica adentro.
Una generación aun más nueva está surgiendo. No tienen la mayoría de edad y están lejos de alcanzarla. Tienen conocimiento de cómo opera la ley antipandillas, por ende, los tatuajes ya no forman parte de su praxis, más bien su consigna está en la búsqueda del poder y para eso, no dudan en cometer cualquier delito, con tal de hacer que su nombre suene en la estructura delincuencial de la cual formó parte una vez, un tío, un hermano o principalmente un padre a quien buscan superar con acciones.
Por esta y otras razones de igual peso es que este pequeño territorio de San Miguelito, conocido como el Valle de los Lagartos, de unos cuantos kilómetros, cuya población ronda los 10 mil habitantes y con dos escuelas a su alrededor, convergen cuatro pandillas - Los Sopranos son los más imponentes- que durante el día dan paso a los habitantes sanos y que en las noche cierran filas para dar paso a la maldad que brota de ellos. Cómo solucionar los rencores y las venganzas cuando siguen desaparecidos un hermano, un primo o un padre. Tal vez por eso este sicario insiste en que “este guerra no terminará hasta cuando Dios baje”.
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