March 13, 2010
Cuentos con Salsa fue un plagio
Por Carlos Oriel Wynter Melo
Cuentos con Salsa no es una colección reciente; existía desde hace tiempo. Y yo no soy el autor de sus narraciones. Todo ha sido un plagio más o menos inocente. Ésta es mi confesión hilada en varios actos.
Primer acto:
En Latinoamérica es donde el mar ha fascinado más al ser humano. El mar. Persiste una conjetura sobre el efecto del agua que se balancea, en los seres de este continente. El mar. Dicha conjetura no ha podido ser descartada: los astrólogos insisten en que es imposible que seres constituidos en su mayoría por agua, no sean afectados por las mareas. El mar.
Y es frente al mar donde nace una ciudad adornada y dejada, esa Penélope que espera a Ulises, esa ciudad de tránsito.
Segundo acto:
Dicha dama fue sujeto del amor de un esclavo español y liberto, o un jamaicano inmigrado o un español que andaba de aventuras. Bailaron para ella. Bailaron con ella. Bailaron hasta que aparecieron nuevas chispas en la noche. Y cada uno de ellos se sumió en la ciudad: le hizo el amor a la ciudad. Y engendraron hijos que bailarían por los siglos de los siglos amén.
Tercer acto:
La ciudad sudó y una gota de ese líquido, dulce como la leche materna, cayó en los labios de Carlos Oriel Wynter Melo.  Aquel era un Carlos Oriel Wynter Melo que no soy yo, éste que se apropió finalmente de Cuentos con Salsa.
Fue un Carlos Oriel Wynter Melo que no tiene pies de plomo sino que vuela y sonríe y se deshace en luciérnagas que acaban siendo las luces de la ciudad.
Era un Carlos Oriel Wynter Melo que me superaba con creces, que era un ángel cuando yo era un demonio y demonio cuando yo ángel. Era un Carlos Oriel Wynter Melo que, por momentos, se convertía en Creador del mundo apenas con siete instantes.
Escuché sus anécdotas, algunas veces, cuando hablaba hasta el ensueño en cordiales reuniones.
Cuarto acto (acto final)
Así fue que me hice de algunas historias que tenían música en su entraña, de algunos relatos que llevaban siglos flotando en el aire, en la respiración de la ciudad, en su sangre etérea. Así fue que plagié Cuentos con Salsa. Así fue que decidí hacerme pasar por Carlos Oriel Wynter Melo, ése otro autor que se sabe engendrado por las estrellas, heredero de los pecados y virtudes de la música del Caribe, quien está consciente de que su única redención es atravesar la espesura de lo bueno y de lo malo.

Cuentos con Salsa fue un plagio

Por Carlos Oriel Wynter Melo

Cuentos con Salsa no es una colección reciente; existía desde hace tiempo. Y yo no soy el autor de sus narraciones. Todo ha sido un plagio más o menos inocente. Ésta es mi confesión hilada en varios actos.

Primer acto:

En Latinoamérica es donde el mar ha fascinado más al ser humano. El mar. Persiste una conjetura sobre el efecto del agua que se balancea, en los seres de este continente. El mar. Dicha conjetura no ha podido ser descartada: los astrólogos insisten en que es imposible que seres constituidos en su mayoría por agua, no sean afectados por las mareas. El mar.

Y es frente al mar donde nace una ciudad adornada y dejada, esa Penélope que espera a Ulises, esa ciudad de tránsito.

Segundo acto:

Dicha dama fue sujeto del amor de un esclavo español y liberto, o un jamaicano inmigrado o un español que andaba de aventuras. Bailaron para ella. Bailaron con ella. Bailaron hasta que aparecieron nuevas chispas en la noche. Y cada uno de ellos se sumió en la ciudad: le hizo el amor a la ciudad. Y engendraron hijos que bailarían por los siglos de los siglos amén.

Tercer acto:

La ciudad sudó y una gota de ese líquido, dulce como la leche materna, cayó en los labios de Carlos Oriel Wynter Melo.  Aquel era un Carlos Oriel Wynter Melo que no soy yo, éste que se apropió finalmente de Cuentos con Salsa.

Fue un Carlos Oriel Wynter Melo que no tiene pies de plomo sino que vuela y sonríe y se deshace en luciérnagas que acaban siendo las luces de la ciudad.

Era un Carlos Oriel Wynter Melo que me superaba con creces, que era un ángel cuando yo era un demonio y demonio cuando yo ángel. Era un Carlos Oriel Wynter Melo que, por momentos, se convertía en Creador del mundo apenas con siete instantes.

Escuché sus anécdotas, algunas veces, cuando hablaba hasta el ensueño en cordiales reuniones.

Cuarto acto (acto final)

Así fue que me hice de algunas historias que tenían música en su entraña, de algunos relatos que llevaban siglos flotando en el aire, en la respiración de la ciudad, en su sangre etérea. Así fue que plagié Cuentos con Salsa. Así fue que decidí hacerme pasar por Carlos Oriel Wynter Melo, ése otro autor que se sabe engendrado por las estrellas, heredero de los pecados y virtudes de la música del Caribe, quien está consciente de que su única redención es atravesar la espesura de lo bueno y de lo malo.

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