March 14, 2010
Noriega reloaded
Por: Víctor Alejandro MojicaUnas 70 cajas con bienes del dictador Manuel Antonio Noriega están archivadas en una bóveda de la Policía Nacional sin que nadie pregunte por ellas. ¿Que pasaría si un reportaje las desempolva, casi dos décadas despúes?…  El cabo refugió el uniforme con un chaleco negro y un golpesito de hombros y caminó hacia mí indiferente al entorno, con la delicadeza necesaria para eludir ese principio que rige en la tropa de “todo lo que parece es”.  A esta hora el restaurante funciona para almorzar con descuentos, ordenar vidas y perder el tiempo. Hay montones de ellos involucrados en la rutina. En el camino se topó con unos colegas y con una torre de juguetes, pero nada lo detuvo. Un vidrio nublado nos separa de las freidoras y el bullicio. El cabo trata de mostrarme el pedido que trae entre manos. Está enredado con el aparato, lo mira y le da vueltas, luego llama, ya un poco intranquilo, a su mujer para que lo saque del aprieto. - ¿Ya arregló la cámara? Me pregunta, con el celular al oído. - Cierra, no gastes minutos…                                                      ***El dato era cierto.  Unos bienes de Noriega se guardan en unas cajetas de madera polvorientas y forradas con cintas de seguridad en un depósito de la Policia Nacional.   “Ellos lo tienen como basura” asegura el policia atrevido que participó de la traición. Es más, dice que están allí desde que cayó el régimen militar en la navidad del 89.
Las cajas están marcadas.  A simple vista parecen estar inventariadas.  Hay unas 70 en total.  No se puede ver claramente su interior. Son enormes y están apiñadas una encima de otra.  “Hay un jet sky, un BMW chiquito que pareciera de juguete” agrega el cabo. También se pueden observar muebles y alfombras, arropados con telaraña y polillas, y una bella pintura de hombres trabajando sobre un paisaje de montañas y palmeras.No es hasta ahora que descubro al personaje. Nació en San Miguelito, entre esas veredas calles con formas de serpiente que conectan los caserios clonados, en el cerro cercano a la capital que escogió Omar Torrijos - el cabecilla de la revolución (1968-1989) que engendró el régimen militar que más tarde Noriega controlaría- como su distrito.De este proceso octubrino de Torrijos conoce lo que todos conocen y lo que dicen, tampoco fue un seguidor vehemente de la lucha antimperialista de Noriega. Ingresó a la policía, despúes de la invasión, por necesidad, por esa misma necesidad que lo llevó a entregarme las fotos esta mañana de noviembre, porque ahora que no hay enclave, ni dictadura, la libertad cuesta en este pequeño Wall Street tropical; pero además, tiene ganas de hablar.  En todo el tiempo que le tomó conseguir estas fotos no dejó de preguntarse cosas. Le llamó la atención, por ejemplo, que dentro de la institución se conoce que las obras y las pinturas están siendo devoradas y nada se hace, aunque “valen billete”.   “Hay cosas que a la Presidencia le hubiesen servido” añade con tono de sugerencia.
También lo cautivaron las reestricciones.  Pocos tienen acceso a estos bienes, “hay órdenes que no se pueden tocar”, dice. Actualmente son custodiadas por los Servicios Generales de la Policía Nacional, un ente administrativo de la fuerza pública.  
En ocasiones, me comenta, que cuando la crisis de inseguridad reventaba en los noticieros locales, parte del estado mayor terminaba exigiendo el regreso del “Man” o elogiando su trabajo. “Si tuviera Noriega aquí esto no pasaría” escuchó en repetidas ocasiones.Estamos por acabar, anda rápido el hombre. Me ha contado muchas cosas, algunas más aterradoras que otras, como por ejemplo, que le terminó gustando Noriega, “era bastante astuto, acaparador” y que luego de tanto pensar en todo estos elementos, se preparó su tesis.- Sabe algo.  Dice y me mira detenidamente.  - Esto se lo están guardando.
- ¿Cómo así?
- No quieren tocar nada de eso porque esto no ha terminado.  Nadie sabe como va a quedar lo de él.El cabo se encoge los hombros para ajustarse la chaqueta, se da la vuelta rápido, casi sin despedirse abandona la maltrecha terraza y se pierde con el vidrio nublado. Pensaba todavía en sus palabras, cuando logré ver el chaleco negro escapar por una puerta contigua.  ¿Esto no ha terminado?…                                                     ***Noriega y su séquito más cercano decidieron esa noche acudir a una exposición de obras. Así como leen, cuando en las noches no se tomaba Old Parr y se hablaba de filosofía oriental o de ovnis, el arte figuraba en la agenda de la comandancia.  Ya era costumbre observarlo en estos eventos exclusivos de la aristocracia criolla, aunque constrastara con todo el glamour presente. Era mediados de los ochenta y el “Man” tenía control de todo, incluso de estas cosas. Por esos días, arengaba una de sus cuantas filosofías de vida, “el nuevo concepto del campesino, es un campesino capitalista con plata en el bolsillo”. Esa noche, recuerda una pintora amiga, se exponía en un caballete un reloj blanco y negro con las manecillas estacionadas en las 12. Nada espectacular. El lienzo encabezaba la exposición por razones más prácticas que estéticas. Noriega solamente lo miró y sin dudarlo, por impulsos desconocidos, dijo: ¡Yo quiero ese cuadro¡.“Nadie sabía exactamente que buscaba, comprababa lo que le gustaba” me confesó la pintora, que también me pidió la reserva de su nombre. “Lo hago por mi negocio y porque no quiero terminar como Spadafora” - un médico dirigente que fue decapitado por aliados de Noriega; su cabeza nunca apareció- dijo, y liberó una risita.
Un delicado hombre que la acompañaba, blanquito, de ropas pasteles y apretadas, respaldó el acuerdo pasándose el índice por los labios, como quien cierra un zipper. Fue una de las primeras cosas que conocí sobre Noriega, el temor y sus gustos artísticos. Lo escuché con la cabeza sacudida de abstractos, colores y con James Blunt pululando en los pasillos, en esos mismos pasillos donde solían ver al “Tony” en sus tiempos de reinado.    Noriega empezó a coleccionar obras como jefe en el G2, un aparato de inteligencia hecho a su medida en los años 70 que espió hasta la mismísima CIA.  Al joven teniente le gustaban las obras, y la cultura en general, pero no fue hasta mediados de los 80, cuando ascendió a la jefatura de la Guardia Nacional, que acumuló, además de poder y una fortuna incalculable, decenas de obras de arte de artistas nacionales e internacionales.  En esa década, el dictador consolidó la “empresa criminal”, como le llama el veterano periodista Richard Koster al régimen dictatorial, que le permitió traficar armas, drogas, lavar dinero, saquear las arcas del país, torturar opositores y no opositores y por último asesinarlos, comprar apartamentos en París y otras ciudades, fincas en Panamá, tapires y muchas pinturas. 
“Era todo un rey”, recuerda mi amiga, la artista. Un dato adicional: A su despacho en la Calzada de Amador, le hacían llegar regalitos. La mayoría eran obras compradas por “distinguidos” personajes de sectores políticos y económicos que demostraban de esta forma lealtad al régimen; otras llegaban de los sectores populares agradecidos con la caridad. Su secretaria, Marcela Tazon, me aseguran, se encargaba de hacer la preeselección. Sólo los óleos y los lienzos sobrevivian, el resto viajaba directamente a un tinaco.Los diarios han revelado que tenía retratos de Simón Bolivar, de su esposa Felicidad Sieiro, retratos de infantes y uno personal, un monumento a la egolatría, el del hombre fuerte, lúcido en su uniforme, sonriente.Acumuló tantas cosas que su colección se hizo amorfa y rara. Roberto Díaz Herrera, el militar que delató el negocio del régimen, luego de gozarlo, recuerda en su libro “Panamá más que Noriega” que las casas del “Tony” eran un “laberinto de jarrones chinos, con pinturas renacentistas, cacatuas australianas y cabezas de rinoceronte disecado”. En uno de esos párrafos, tilda su gusto artístico de “anárquico”.El hombre fuerte, para no alargar el cuento, terminó fraguando fraudes, colocando y derrocando presidentes, al tiempo, le declaró la guerra al poderoso ejército de Estados Unidos, con machete en mano, y un 20 de diciembre más de 400 bombas nos cayeron encima. Noriega fue capturado a los días escondido en la Nunciatura, sin tropa, con un país destruido y asesinado a mánsalva. El régimen estaba pulverizado, junto a muchos inocentes y esos bienes raros y costosos que acumuló en su reinado correrían tal suerte que parecieran ser su vida misma…                                                      ***William Parodi es medio nervioso. Se esconde tras de unas gafas cuando habla. Está sorprendido con las fotos. Nunca pensó que las obras seguirían allí. Fue en el año 2000 que personalmente inspeccionó estos bienes del general Manuel Antonio Noriega y todo luce igual. El gobierno de Mireya Moscoso (1999-2004) había ordenado levantar a la Dirección de Bienes Patrimoniales del Ministerio de Economía y Finanzas, donde laboraba Parodi, un inventario sobre todas las obras del estado porque no existía ningún registro claro. “Hay varios cuadros de Marco Ernesto, un pintor ecuatoriano en Panamá, que está pegado” recuerda en su casa. Parodi es coleccionista también, así que reconoce el valor que hay dentro de esas cajas. Pueden ser varios miles de dólares, asegura, pero es díficil establecer una cuantía específica. “Las obras por ser de él han adquirido un valor importante. Hay cuadros valiosos. ¡Óleos!. Daly hay en el Inac”.El encierro y la desidia acumulada en las últimas dos décadas llenaron de polillas los bienes. Las pinturas han sido las más castigadas. Parodi, confiesa, que cuando inspeccionó la bóveda pidió “que le dieran mantenimiento y no lo hicieron”. Hoy día no sabe si las polillas llegaron al lienzo, pero hace 9 años “ya estaban en los marcos”.En el 2004, 15 años despúes de la invasión, finalmente al Estado Panameño le traspasan los bienes del General Noriega, cautelados con procesos por enriquecimiento injustificado. Un Tribunal Superior ratificó una sentencia condenatoria de un juez y ordenó la custodia de 9 fincas, 6 cuentas bancarias, unos animales exóticos y 49 pinturas.  Hasta aquí abarcaba su historia pública, pero resulta que no era todo. Según Parodi, las obras que reposan en el almacén de la Policía Nacional, son de sus fincas en la provincia de Chiriquí. ¿Cómo llegaron aquí?  Parodi no sabe.  “Recomendé que las movieran pero las dejaron ahí.  Ningún gobierno ha querido meterse”, me reveló esa tarde.  También me confesó que al Instituto Nacional de Cultura -ente encargado de la custodia de los obras del estado- sólo fueron enviadas las pinturas de sus casas en la ciudad de Panamá, que también corren una suerte parecida. “Ellos -Inac- no saben que existen estas obras”. Una funcionaria que tuvo contacto con recientes avalúos me aseguró que de las 49 obras que conforman la colección “Manuel Antonio Noriega” sólo quedan unas 30 en la galería de la institución a merced también de las polillas. El resto son utilizadas para embellecer despachos en la Presidencia e instituciones del Estado en calidad de préstamo.- ¿Porqué no todas las obras de Noriega se exhiben?. Le consulte recientemente.
- Lo mismo me preguntó yo. Solamente exhiben los óleos y los lienzos, nunca sacan los retratos de Noriega, ni el de su esposa, ni sus cuadros familiares. Hay órdenes que van más allá del director.Parodi no ha dejado de temblar y de reiterarme que es amigo del “Tony”.  “Pon esto: el hombre era culto”. También habla de muchos favores que se hicieron en esos momentos, mientras sigue viendo las fotos con cautela.  El coleccionista se levanta del sofá donde hemos conversado para enseñarme unos nuevos artistas que promociona que guindan de la pared de su casa. No entiendo mucho del negocio, hasta que me lanza una enseñanza, “para que regalar sacos o corbatas, mejor una obra de arte”.  “El que colecciona es porque tiene billete” agrega Parodi, quien no duda que todavía las obras de Noriega son atractivas para el mercado. ¿Quién no conoce a Noriega? Ahora me pregunta.
- ¿Y porqué no las rematan?
- Sabes, para mí, estos bienes se los están cuidando porque el hombre sigue mandando.  El que tiene plata sigue mandando…                                                        ***Noriega pasa sus días en una cárcel tipo “chalet” que parece un complejo universitario, leí una vez de un cable de prensa.  Poco le ha funcionado aparentemente para contrarrestar la vejez que le persigue los talones, porque el periodista Manolo Álvarez, que ha asistido a las últimas audiencias del “Man”, lo recuerda debilucho y sin esa desafiante mirada de otrora. “No se veía tan fuerte ese día: su cabeza parecía hundirse un poco entre sus hombros y su espalda se notaba levemente debilitada” relató esa vez. También dijo que tenía el pelo negro, “bien negro.  Tenía un gel que le pegaba los cabellos al cráneo” como en tiempos pasados.Ese mismo cable decía que el reo 38699-079 “devora libros de historia y política y que está escribiendo  sus memorias” y que aunque luzca achurrado y corvo, todo apunta que está lúcido como en sus días de reinado. “Su estado mental sigue siendo firme, fuerte, con mucha fuerza de voluntad” detalló su abogado Frank Rubino a la agencia de prensa consultada. La prueba más fehacientes son las batallas legales titánicas que sostiene desde su captura para mantener sus bienes y regresar a Panamá. Todo lo efectua desde el corrreccional, donde recibe visitas frecuentes de su esposa y sus hijas, ambas diplomáticas del gobierno PRD.En la primera disputa están involucrados tres países: Estados Unidos, Panamá y Francia. Se discute si el ex hombre fuerte, ahora que terminó de pagar su condena por narcotráfico en Miami, debe ser enviado a París a cumplir otra sentencia por narcolavado o a esta ciudad tropical a hacerle frente a  algunas condenas por homicidios pendientes.“Las condenas preescriben. De acuerdo al código penal nuevo, una condena de 20 años preescribe a los 20 años.  Esto significa que por lo menos algunas de las condenas más importantes de Noriega tienen que estar preescribiendo.  O sea que si el viene en cuatro o cinco años, ya lo verás en la calle” advierte el exprocurador, Rogelio Cruz, desde un móvil donde hemos conversado sobre el tema.La corresponsal en Washington del diario La Prensa, Betty Brannan Jaén, ha denunciado en sus columnas que el gobierno de Martín Torrijos -hijo del general Omar Torrijos- no hizo los esfuerzos necesarios para que Noriega fuera extraditado a Panamá. Según Brannan, el juez Hoeveler en el año 2007, en una de las tantas audiencias que se celebraron en Miami, manifestó que “si Panamá deseaba obtener custodia del reo, él lo haría valer por encima de la petición francesa”. Cuando solicitó la posición de Panamá sobre el tema, asegura la periodista, “no hubo funcionario panameño que pudiera responderle”. Sin embargo, en Panamá cuando se pregunta por el “Tony”, usualmente los funcionarios responden: “La petición de extradición sigue en firme”.  Un reciente fallo coloca a Noriega más cerca de Paris.La otra batalla está relacionada a los viejos y carcomidos bienes. En octubre del 2008 se remató en unos 6 millones de dólares, por primera ocasión, las dos primeras residencias de Noriega, ubicadas en un exclusivo sector de la capital, conocido como San Francisco y sobrevalorado por el boom inmobiliario. Para sorpresa de muchos nadie las compró. Sus abogados habían advertido que la persona que comprara estos bienes tendría una “larga” batalla con esta familia, que los considera “legítimos”. El acto público se declaró desierto. No se sabe si por miedo, por los indigentes que las utilizan de refugio o por los rituales esotéricos del “Tony”. Ese día también se conoció que Noriega estaba “furioso” porque sus casas estaban a la venta.                                                        ***
Un hilo de humo denso sube por la nariz del exmagistrado Eduardo Lombana. Todo está impregnado. En una de sus manos carga un encendedor cobre que cierra y abre con destreza, en la otra, una de las tantas pipas que comparten su escritorio de siempre. Es primera vez que observa estos bienes y está sorprendido. “Yo no sé como quedaron esas cajas en la Policía” comenta. En 1990 una coalición de partidos opositores sustituyó al derrocado régimen militar de Noriega. Los civilistas controlaron la Presidencia, asumieron el control del estado, la fuerza pública e iniciaron la persecusión de los bienes del “Tony”. Hasta 1994, cuando abandonó su cargo como magistrado de la Dirección de Responsabilidad Patrimonial, revela Lombana, ningún bien cautelado fue almacenado en esta bóveda de la otrora fuerza de defensa.Sus residencias en San Francisco y su casa de Playa en Farallón, explica, quedaron bajo custodia de la Procuraduría de la Nación, que remitió las obras y las pinturas al Instituto Nacional de Cultura para su mantenimiento. “Las casas fueron entregadas nítidas. El procurador de ese entonces, Rogelio Cruz, por una parte no tendría mucho interés y por otra parte no tendría mucho dinero para cuidar eso”.  Hoy día de aquellos suntuosos bienes sólo resta un apellido en granito y mucho destrozo.La Dirección de Responsabilidad Patrimonial, por su parte, se encargó de los bienes de Noriega en la provincia de Chiriquí. Según Lombana, todo debería estar allí. “La policia en aquel momento no tenía fuerza para quedarse con nada”, agrega.- ¿Es probable que los bienes que no se pudieron custodiar bien fueron llevados a la Policía Nacional?
- No creo, esas cajas parecen un embalaje que hicieron los americanos.
El mismo embalaje que hizo referencia el exprocurador Cruz cuando hablamos sobre los bienes de Noriega. “Ahora que recuerdo esto es un embalaje de los americanos” me comentó en ese momento.Lombana sigue mirando las fotos, buscando algún elemento que motive nuevos recuerdos.  Alza la mirada y prende otra pipa.  No encuentra nada.  Aspira, libera su neblina y me mira de nuevo- Esos bienes están ahí porque nadie los reclama, entonces ellos no los tocan, porque tienen miedo a estarse embarrando con eso y por eso no van a tomar una decisión.El ex magistrado se mueve al frente del escritorio, como para revelarme un secreto.
- Somos miedosos. Noriega dejó una huella de terror, y hay muchos y muchas que participaron que todavía le temen a sus venganzas, aún estando en la cárcel.- ¿20 años y todavía andamos con miedo?.  Lombana se recuesta de nuevo al sillón y me comenta un hecho de la década  del 50 que cobra vigencia todavía.Noriega plagió, dice Lombana, un cuento y ganó un concurso en el Instituto Nacional. El estudiante derrotado se enteró y le reclamó al entonces rector, José Dolores Moscote, que no le quedo otra que reafirmar el primer lugar.“Mire usted quédese callado, este hombre es una persona peligrosa y evite el daño que le puede causar” le dijo Moscote al estudiante, asegura Lombana.
- ¿Desde ese entonces le temen?
- Era una sensación que producía…
- ¿Y usted porque no tiene miedo?
- A la edad que yo tengo me importa un bledo si me meten un tiro por ahí..A los días topé al director de la Policia Nacional, Francisco Troya, saliendo de una entrevista radial. Un guardespalda respondía uno de los cuatro celulares que cargaba y el otro asistente sostenía sus pertenecias restantes, entre eso el quepi.- ¿Le están cuidando los bienes a Noriega?.
- No es un favor.  Nosotros tenemos la obligación jurídica de apoyar a las instituciones públicas.- ¿Y quién traslado esos bienes al almacén?
- Eso fue en el año 1990. Tenemos nosotros que empezar a buscar expedientes a ver quien los llevó.
- ¿Pero todo eso se va a deteriorar?
- No sé.  Habría que revisar.  Si quieres vamos un día y hacemos un inventario.Todos se rieron, Troya fue el primero, seguido la tropa y se marcharon por un elevador a festejar el día del Policía.                                                       ***Hoy es 11 de febrero, es el cumpleaños 75 de Noriega. Estoy afuera de un viejo edificio en forma de cono con vista al mar que se ubica en el Terraplén, en esa entrada convulsionada que conecta la nueva ciudad con lo que resta de su pasado. Aquí vivió Noriega de joven, en el puerto donde convergen casi todos los pecados y muchos ilícitos.La cantina de la puerta principal del edificio sigue ahí, también está el pescado, el mercado con sus prostitutas y sus negocios clandestinos. Pero saben algo, pocos lo recuerdan o no quieren saber de él. Se comenta que estuvo por ahí en algún momento, entre ese tráfico de gente que no se detiene nunca, en ese “babel” que es el destino de Panamá.  !Crisol de razas, puente del mundo, el Istmo gira como ruleta…  al rojo… al negro..  a lo que diga la suerte!  diría Rogelio Sinán, pero hasta  allí.Nadie conocía del cumpleaños, solamente un señor adulto, canoso, se atrevió a preguntarme si le iban a construir un monumento.  “Él se lo merece, era bueno” le escuche decir, antes de recordar las palabras del cabo: ¡Esto no ha terminado!…

Noriega reloaded

Por: Víctor Alejandro Mojica

Unas 70 cajas con bienes del dictador Manuel Antonio Noriega están archivadas en una bóveda de la Policía Nacional sin que nadie pregunte por ellas. ¿Que pasaría si un reportaje las desempolva, casi dos décadas despúes?… 

El cabo refugió el uniforme con un chaleco negro y un golpesito de hombros y caminó hacia mí indiferente al entorno, con la delicadeza necesaria para eludir ese principio que rige en la tropa de “todo lo que parece es”. 

A esta hora el restaurante funciona para almorzar con descuentos, ordenar vidas y perder el tiempo. Hay montones de ellos involucrados en la rutina. En el camino se topó con unos colegas y con una torre de juguetes, pero nada lo detuvo.

Un vidrio nublado nos separa de las freidoras y el bullicio. El cabo trata de mostrarme el pedido que trae entre manos. Está enredado con el aparato, lo mira y le da vueltas, luego llama, ya un poco intranquilo, a su mujer para que lo saque del aprieto.

- ¿Ya arregló la cámara? Me pregunta, con el celular al oído.
- Cierra, no gastes minutos…

                                                      ***

El dato era cierto.  Unos bienes de Noriega se guardan en unas cajetas de madera polvorientas y forradas con cintas de seguridad en un depósito de la Policia Nacional.   “Ellos lo tienen como basura” asegura el policia atrevido que participó de la traición. Es más, dice que están allí desde que cayó el régimen militar en la navidad del 89.

Las cajas están marcadas.  A simple vista parecen estar inventariadas.  Hay unas 70 en total.  No se puede ver claramente su interior. Son enormes y están apiñadas una encima de otra.  “Hay un jet sky, un BMW chiquito que pareciera de juguete” agrega el cabo. También se pueden observar muebles y alfombras, arropados con telaraña y polillas, y una bella pintura de hombres trabajando sobre un paisaje de montañas y palmeras.

No es hasta ahora que descubro al personaje. Nació en San Miguelito, entre esas veredas calles con formas de serpiente que conectan los caserios clonados, en el cerro cercano a la capital que escogió Omar Torrijos - el cabecilla de la revolución (1968-1989) que engendró el régimen militar que más tarde Noriega controlaría- como su distrito.

De este proceso octubrino de Torrijos conoce lo que todos conocen y lo que dicen, tampoco fue un seguidor vehemente de la lucha antimperialista de Noriega. Ingresó a la policía, despúes de la invasión, por necesidad, por esa misma necesidad que lo llevó a entregarme las fotos esta mañana de noviembre, porque ahora que no hay enclave, ni dictadura, la libertad cuesta en este pequeño Wall Street tropical; pero además, tiene ganas de hablar. 

En todo el tiempo que le tomó conseguir estas fotos no dejó de preguntarse cosas. Le llamó la atención, por ejemplo, que dentro de la institución se conoce que las obras y las pinturas están siendo devoradas y nada se hace, aunque “valen billete”.   “Hay cosas que a la Presidencia le hubiesen servido” añade con tono de sugerencia.

También lo cautivaron las reestricciones.  Pocos tienen acceso a estos bienes, “hay órdenes que no se pueden tocar”, dice. Actualmente son custodiadas por los Servicios Generales de la Policía Nacional, un ente administrativo de la fuerza pública.  

En ocasiones, me comenta, que cuando la crisis de inseguridad reventaba en los noticieros locales, parte del estado mayor terminaba exigiendo el regreso del “Man” o elogiando su trabajo. “Si tuviera Noriega aquí esto no pasaría” escuchó en repetidas ocasiones.

Estamos por acabar, anda rápido el hombre. Me ha contado muchas cosas, algunas más aterradoras que otras, como por ejemplo, que le terminó gustando Noriega, “era bastante astuto, acaparador” y que luego de tanto pensar en todo estos elementos, se preparó su tesis.

- Sabe algo.  Dice y me mira detenidamente.  - Esto se lo están guardando.

- ¿Cómo así?

- No quieren tocar nada de eso porque esto no ha terminado.  Nadie sabe como va a quedar lo de él.

El cabo se encoge los hombros para ajustarse la chaqueta, se da la vuelta rápido, casi sin despedirse abandona la maltrecha terraza y se pierde con el vidrio nublado. Pensaba todavía en sus palabras, cuando logré ver el chaleco negro escapar por una puerta contigua. 

¿Esto no ha terminado?…

                                                     ***
Noriega y su séquito más cercano decidieron esa noche acudir a una exposición de obras. Así como leen, cuando en las noches no se tomaba Old Parr y se hablaba de filosofía oriental o de ovnis, el arte figuraba en la agenda de la comandancia.  Ya era costumbre observarlo en estos eventos exclusivos de la aristocracia criolla, aunque constrastara con todo el glamour presente.

Era mediados de los ochenta y el “Man” tenía control de todo, incluso de estas cosas. Por esos días, arengaba una de sus cuantas filosofías de vida, “el nuevo concepto del campesino, es un campesino capitalista con plata en el bolsillo”.

Esa noche, recuerda una pintora amiga, se exponía en un caballete un reloj blanco y negro con las manecillas estacionadas en las 12. Nada espectacular. El lienzo encabezaba la exposición por razones más prácticas que estéticas. Noriega solamente lo miró y sin dudarlo, por impulsos desconocidos, dijo: ¡Yo quiero ese cuadro¡.

“Nadie sabía exactamente que buscaba, comprababa lo que le gustaba” me confesó la pintora, que también me pidió la reserva de su nombre. “Lo hago por mi negocio y porque no quiero terminar como Spadafora” - un médico dirigente que fue decapitado por aliados de Noriega; su cabeza nunca apareció- dijo, y liberó una risita.

Un delicado hombre que la acompañaba, blanquito, de ropas pasteles y apretadas, respaldó el acuerdo pasándose el índice por los labios, como quien cierra un zipper. Fue una de las primeras cosas que conocí sobre Noriega, el temor y sus gustos artísticos. Lo escuché con la cabeza sacudida de abstractos, colores y con James Blunt pululando en los pasillos, en esos mismos pasillos donde solían ver al “Tony” en sus tiempos de reinado.   

Noriega empezó a coleccionar obras como jefe en el G2, un aparato de inteligencia hecho a su medida en los años 70 que espió hasta la mismísima CIA.  Al joven teniente le gustaban las obras, y la cultura en general, pero no fue hasta mediados de los 80, cuando ascendió a la jefatura de la Guardia Nacional, que acumuló, además de poder y una fortuna incalculable, decenas de obras de arte de artistas nacionales e internacionales. 

En esa década, el dictador consolidó la “empresa criminal”, como le llama el veterano periodista Richard Koster al régimen dictatorial, que le permitió traficar armas, drogas, lavar dinero, saquear las arcas del país, torturar opositores y no opositores y por último asesinarlos, comprar apartamentos en París y otras ciudades, fincas en Panamá, tapires y muchas pinturas. 

“Era todo un rey”, recuerda mi amiga, la artista. Un dato adicional: A su despacho en la Calzada de Amador, le hacían llegar regalitos. La mayoría eran obras compradas por “distinguidos” personajes de sectores políticos y económicos que demostraban de esta forma lealtad al régimen; otras llegaban de los sectores populares agradecidos con la caridad. Su secretaria, Marcela Tazon, me aseguran, se encargaba de hacer la preeselección. Sólo los óleos y los lienzos sobrevivian, el resto viajaba directamente a un tinaco.

Los diarios han revelado que tenía retratos de Simón Bolivar, de su esposa Felicidad Sieiro, retratos de infantes y uno personal, un monumento a la egolatría, el del hombre fuerte, lúcido en su uniforme, sonriente.

Acumuló tantas cosas que su colección se hizo amorfa y rara. Roberto Díaz Herrera, el militar que delató el negocio del régimen, luego de gozarlo, recuerda en su libro “Panamá más que Noriega” que las casas del “Tony” eran un “laberinto de jarrones chinos, con pinturas renacentistas, cacatuas australianas y cabezas de rinoceronte disecado”. En uno de esos párrafos, tilda su gusto artístico de “anárquico”.

El hombre fuerte, para no alargar el cuento, terminó fraguando fraudes, colocando y derrocando presidentes, al tiempo, le declaró la guerra al poderoso ejército de Estados Unidos, con machete en mano, y un 20 de diciembre más de 400 bombas nos cayeron encima. Noriega fue capturado a los días escondido en la Nunciatura, sin tropa, con un país destruido y asesinado a mánsalva. El régimen estaba pulverizado, junto a muchos inocentes y esos bienes raros y costosos que acumuló en su reinado correrían tal suerte que parecieran ser su vida misma…

                                                      ***

William Parodi es medio nervioso. Se esconde tras de unas gafas cuando habla. Está sorprendido con las fotos. Nunca pensó que las obras seguirían allí. Fue en el año 2000 que personalmente inspeccionó estos bienes del general Manuel Antonio Noriega y todo luce igual. El gobierno de Mireya Moscoso (1999-2004) había ordenado levantar a la Dirección de Bienes Patrimoniales del Ministerio de Economía y Finanzas, donde laboraba Parodi, un inventario sobre todas las obras del estado porque no existía ningún registro claro.

“Hay varios cuadros de Marco Ernesto, un pintor ecuatoriano en Panamá, que está pegado” recuerda en su casa. Parodi es coleccionista también, así que reconoce el valor que hay dentro de esas cajas. Pueden ser varios miles de dólares, asegura, pero es díficil establecer una cuantía específica. “Las obras por ser de él han adquirido un valor importante. Hay cuadros valiosos. ¡Óleos!. Daly hay en el Inac”.

El encierro y la desidia acumulada en las últimas dos décadas llenaron de polillas los bienes. Las pinturas han sido las más castigadas. Parodi, confiesa, que cuando inspeccionó la bóveda pidió “que le dieran mantenimiento y no lo hicieron”. Hoy día no sabe si las polillas llegaron al lienzo, pero hace 9 años “ya estaban en los marcos”.

En el 2004, 15 años despúes de la invasión, finalmente al Estado Panameño le traspasan los bienes del General Noriega, cautelados con procesos por enriquecimiento injustificado. Un Tribunal Superior ratificó una sentencia condenatoria de un juez y ordenó la custodia de 9 fincas, 6 cuentas bancarias, unos animales exóticos y 49 pinturas.  Hasta aquí abarcaba su historia pública, pero resulta que no era todo.

Según Parodi, las obras que reposan en el almacén de la Policía Nacional, son de sus fincas en la provincia de Chiriquí. ¿Cómo llegaron aquí?  Parodi no sabe. 

“Recomendé que las movieran pero las dejaron ahí.  Ningún gobierno ha querido meterse”, me reveló esa tarde.  También me confesó que al Instituto Nacional de Cultura -ente encargado de la custodia de los obras del estado- sólo fueron enviadas las pinturas de sus casas en la ciudad de Panamá, que también corren una suerte parecida. “Ellos -Inac- no saben que existen estas obras”.

Una funcionaria que tuvo contacto con recientes avalúos me aseguró que de las 49 obras que conforman la colección “Manuel Antonio Noriega” sólo quedan unas 30 en la galería de la institución a merced también de las polillas. El resto son utilizadas para embellecer despachos en la Presidencia e instituciones del Estado en calidad de préstamo.

- ¿Porqué no todas las obras de Noriega se exhiben?. Le consulte recientemente.

- Lo mismo me preguntó yo. Solamente exhiben los óleos y los lienzos, nunca sacan los retratos de Noriega, ni el de su esposa, ni sus cuadros familiares. Hay órdenes que van más allá del director.

Parodi no ha dejado de temblar y de reiterarme que es amigo del “Tony”.  “Pon esto: el hombre era culto”. También habla de muchos favores que se hicieron en esos momentos, mientras sigue viendo las fotos con cautela. 

El coleccionista se levanta del sofá donde hemos conversado para enseñarme unos nuevos artistas que promociona que guindan de la pared de su casa. No entiendo mucho del negocio, hasta que me lanza una enseñanza, “para que regalar sacos o corbatas, mejor una obra de arte”.  “El que colecciona es porque tiene billete” agrega Parodi, quien no duda que todavía las obras de Noriega son atractivas para el mercado. ¿Quién no conoce a Noriega? Ahora me pregunta.

- ¿Y porqué no las rematan?

- Sabes, para mí, estos bienes se los están cuidando porque el hombre sigue mandando.  El que tiene plata sigue mandando…

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Noriega pasa sus días en una cárcel tipo “chalet” que parece un complejo universitario, leí una vez de un cable de prensa.  Poco le ha funcionado aparentemente para contrarrestar la vejez que le persigue los talones, porque el periodista Manolo Álvarez, que ha asistido a las últimas audiencias del “Man”, lo recuerda debilucho y sin esa desafiante mirada de otrora. “No se veía tan fuerte ese día: su cabeza parecía hundirse un poco entre sus hombros y su espalda se notaba levemente debilitada” relató esa vez. También dijo que tenía el pelo negro, “bien negro.  Tenía un gel que le pegaba los cabellos al cráneo” como en tiempos pasados.

Ese mismo cable decía que el reo 38699-079 “devora libros de historia y política y que está escribiendo  sus memorias” y que aunque luzca achurrado y corvo, todo apunta que está lúcido como en sus días de reinado. “Su estado mental sigue siendo firme, fuerte, con mucha fuerza de voluntad” detalló su abogado Frank Rubino a la agencia de prensa consultada.

La prueba más fehacientes son las batallas legales titánicas que sostiene desde su captura para mantener sus bienes y regresar a Panamá. Todo lo efectua desde el corrreccional, donde recibe visitas frecuentes de su esposa y sus hijas, ambas diplomáticas del gobierno PRD.

En la primera disputa están involucrados tres países: Estados Unidos, Panamá y Francia. Se discute si el ex hombre fuerte, ahora que terminó de pagar su condena por narcotráfico en Miami, debe ser enviado a París a cumplir otra sentencia por narcolavado o a esta ciudad tropical a hacerle frente a  algunas condenas por homicidios pendientes.

“Las condenas preescriben. De acuerdo al código penal nuevo, una condena de 20 años preescribe a los 20 años.  Esto significa que por lo menos algunas de las condenas más importantes de Noriega tienen que estar preescribiendo.  O sea que si el viene en cuatro o cinco años, ya lo verás en la calle” advierte el exprocurador, Rogelio Cruz, desde un móvil donde hemos conversado sobre el tema.

La corresponsal en Washington del diario La Prensa, Betty Brannan Jaén, ha denunciado en sus columnas que el gobierno de Martín Torrijos -hijo del general Omar Torrijos- no hizo los esfuerzos necesarios para que Noriega fuera extraditado a Panamá. Según Brannan, el juez Hoeveler en el año 2007, en una de las tantas audiencias que se celebraron en Miami, manifestó que “si Panamá deseaba obtener custodia del reo, él lo haría valer por encima de la petición francesa”. Cuando solicitó la posición de Panamá sobre el tema, asegura la periodista, “no hubo funcionario panameño que pudiera responderle”. Sin embargo, en Panamá cuando se pregunta por el “Tony”, usualmente los funcionarios responden: “La petición de extradición sigue en firme”.  Un reciente fallo coloca a Noriega más cerca de Paris.

La otra batalla está relacionada a los viejos y carcomidos bienes. En octubre del 2008 se remató en unos 6 millones de dólares, por primera ocasión, las dos primeras residencias de Noriega, ubicadas en un exclusivo sector de la capital, conocido como San Francisco y sobrevalorado por el boom inmobiliario. Para sorpresa de muchos nadie las compró.

Sus abogados habían advertido que la persona que comprara estos bienes tendría una “larga” batalla con esta familia, que los considera “legítimos”. El acto público se declaró desierto. No se sabe si por miedo, por los indigentes que las utilizan de refugio o por los rituales esotéricos del “Tony”. Ese día también se conoció que Noriega estaba “furioso” porque sus casas estaban a la venta.

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Un hilo de humo denso sube por la nariz del exmagistrado Eduardo Lombana. Todo está impregnado. En una de sus manos carga un encendedor cobre que cierra y abre con destreza, en la otra, una de las tantas pipas que comparten su escritorio de siempre. Es primera vez que observa estos bienes y está sorprendido. “Yo no sé como quedaron esas cajas en la Policía” comenta.

En 1990 una coalición de partidos opositores sustituyó al derrocado régimen militar de Noriega. Los civilistas controlaron la Presidencia, asumieron el control del estado, la fuerza pública e iniciaron la persecusión de los bienes del “Tony”. Hasta 1994, cuando abandonó su cargo como magistrado de la Dirección de Responsabilidad Patrimonial, revela Lombana, ningún bien cautelado fue almacenado en esta bóveda de la otrora fuerza de defensa.

Sus residencias en San Francisco y su casa de Playa en Farallón, explica, quedaron bajo custodia de la Procuraduría de la Nación, que remitió las obras y las pinturas al Instituto Nacional de Cultura para su mantenimiento. “Las casas fueron entregadas nítidas. El procurador de ese entonces, Rogelio Cruz, por una parte no tendría mucho interés y por otra parte no tendría mucho dinero para cuidar eso”.  Hoy día de aquellos suntuosos bienes sólo resta un apellido en granito y mucho destrozo.

La Dirección de Responsabilidad Patrimonial, por su parte, se encargó de los bienes de Noriega en la provincia de Chiriquí. Según Lombana, todo debería estar allí. “La policia en aquel momento no tenía fuerza para quedarse con nada”, agrega.

- ¿Es probable que los bienes que no se pudieron custodiar bien fueron llevados a la Policía Nacional?

- No creo, esas cajas parecen un embalaje que hicieron los americanos.

El mismo embalaje que hizo referencia el exprocurador Cruz cuando hablamos sobre los bienes de Noriega. “Ahora que recuerdo esto es un embalaje de los americanos” me comentó en ese momento.

Lombana sigue mirando las fotos, buscando algún elemento que motive nuevos recuerdos.  Alza la mirada y prende otra pipa.  No encuentra nada.  Aspira, libera su neblina y me mira de nuevo

- Esos bienes están ahí porque nadie los reclama, entonces ellos no los tocan, porque tienen miedo a estarse embarrando con eso y por eso no van a tomar una decisión.

El ex magistrado se mueve al frente del escritorio, como para revelarme un secreto.

- Somos miedosos. Noriega dejó una huella de terror, y hay muchos y muchas que participaron que todavía le temen a sus venganzas, aún estando en la cárcel.

- ¿20 años y todavía andamos con miedo?.  Lombana se recuesta de nuevo al sillón y me comenta un hecho de la década  del 50 que cobra vigencia todavía.

Noriega plagió, dice Lombana, un cuento y ganó un concurso en el Instituto Nacional. El estudiante derrotado se enteró y le reclamó al entonces rector, José Dolores Moscote, que no le quedo otra que reafirmar el primer lugar.

“Mire usted quédese callado, este hombre es una persona peligrosa y evite el daño que le puede causar” le dijo Moscote al estudiante, asegura Lombana.

- ¿Desde ese entonces le temen?

- Era una sensación que producía…

- ¿Y usted porque no tiene miedo?

- A la edad que yo tengo me importa un bledo si me meten un tiro por ahí..

A los días topé al director de la Policia Nacional, Francisco Troya, saliendo de una entrevista radial. Un guardespalda respondía uno de los cuatro celulares que cargaba y el otro asistente sostenía sus pertenecias restantes, entre eso el quepi.

- ¿Le están cuidando los bienes a Noriega?.

- No es un favor.  Nosotros tenemos la obligación jurídica de apoyar a las instituciones públicas.
- ¿Y quién traslado esos bienes al almacén?

- Eso fue en el año 1990. Tenemos nosotros que empezar a buscar expedientes a ver quien los llevó.

- ¿Pero todo eso se va a deteriorar?

- No sé.  Habría que revisar.  Si quieres vamos un día y hacemos un inventario.

Todos se rieron, Troya fue el primero, seguido la tropa y se marcharon por un elevador a festejar el día del Policía.

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Hoy es 11 de febrero, es el cumpleaños 75 de Noriega. Estoy afuera de un viejo edificio en forma de cono con vista al mar que se ubica en el Terraplén, en esa entrada convulsionada que conecta la nueva ciudad con lo que resta de su pasado. Aquí vivió Noriega de joven, en el puerto donde convergen casi todos los pecados y muchos ilícitos.

La cantina de la puerta principal del edificio sigue ahí, también está el pescado, el mercado con sus prostitutas y sus negocios clandestinos. Pero saben algo, pocos lo recuerdan o no quieren saber de él. Se comenta que estuvo por ahí en algún momento, entre ese tráfico de gente que no se detiene nunca, en ese “babel” que es el destino de Panamá.  !Crisol de razas, puente del mundo, el Istmo gira como ruleta…  al rojo… al negro..  a lo que diga la suerte!  diría Rogelio Sinán, pero hasta  allí.

Nadie conocía del cumpleaños, solamente un señor adulto, canoso, se atrevió a preguntarme si le iban a construir un monumento.  “Él se lo merece, era bueno” le escuche decir, antes de recordar las palabras del cabo: ¡Esto no ha terminado!…

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